Tuesday, April 05, 2005

Bancate Tlön

Bancate Tlön

En Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, Tlön es un lugar adentro de otro. Uqbar es un lugar dudoso en el que nunca nadie ha estado, que contiene, que inventó a Tlön. (En realidad Tlön fue creado por la Tierra, y Uqbar lo encubre y permite). No conocemos Uqbar pero sabemos que hay aún un lugar más remoto: Tlön, “un planeta desconocido, con sus arquitecturas y sus barajas, con el pavor de sus mitologías y el rumor de sus lenguas, con sus emperadores y sus mares, con sus minerales y sus pájaros y sus peces, con su álgebra y su fuego, con su controversia teológica y metafísica”[1]. No nos es dado saber Tlön (reconocemos que es una de las dos regiones imaginarias a las que se refiere toda la literatura de Uqbar, literatura fantástica que no se ocupa jamás de la realidad), pero conocemos algunas de sus verdades: allí el sustantivo (que solo tiene un valor metafórico) se forma por acumulación de adjetivos; la cultura clásica consiste en la subordinación de todas las disciplinas a la psicológica; allí, se afirma que la operación de contar modifica las cantidades y las convierte de indefinidas en definidas; siglos y siglos de idealismo no han dejado de influir en la realidad; tenemos el ur: la cosa producida por sugestión, el objeto educido por la esperanza.

Ariel Issaharoff me confió casualmente, en dos casas y en dos noches del Oeste, el final secreto de Bancate ese defecto[2]. Allí, un fade out cotidiano como cualquier otro deja lugar, efímeramente, sorpresivamente, casi inaudiblemente, a una irrupción misteriosa: la de una batería que renueva el ciclo de la canción. Este ciclo puede no ser repetitivo (evidentemente, no parece serlo) y queda trunco, pero es dicho. Aquello que comienza es utópico: después de una canción que navega más o menos tibiamente (aquí difiere el particular Herbert Ashe de estas líneas) parece haber otra cosa, una cosa que no conocemos pero que se nos hace saber, intrincadamente, que existe. (LIMAR, INFLAR)

Esa batería nos permite pasar de “una somera descripción de un falso país” a “un fragmento de la historia total de un planeta desconocido”. Fragmento que es apenas existente, ya no vasto como A First Encyclopaedia of Tlön. Vol. XI. Hlaer to Jangr. La energía de algo que se intensifica cumple la función que cumplen el tomo y los objetos de Tlön: la brújula cuya en cuya esfera se reconocen ciertas letras de uno de los alfabetos del planeta; el cono de metal reluciente, pequeño y muy pesado, imagen de la divinidad en ciertas religiones tlönenses
El hecho de que esta muestra de que hay otra canción se sitúe sobre el final, en la lenta agonía del sonido de Uqbar, nos hace pensar en lo que nos demuestra el único libro conocido sobre Tlön: en el Onceno Tomo hay alusiones a tomos ulteriores y precedentes. Así se desechó la imprudencia de creer que Tlön era un mero caos, una irresponsable licencia de la imaginación. Ahora se sabe que es un cosmos regido por leyes formuladas: lo que nos lleva directamente al problema, si se quieren tener problemas, del misterioso tomo innumerado de 1984.







[1] Obras Completas, 1974, Buenos Aires, página… ¿?¿?
[2] Piano Bar, Buenos Aires, 1984.

dios

veo que hemos llegado al final del camino. una forma del diseño ejemplar nos atribuye el deseo, la esclavitud quizá, y el deseo, de escribir y publicar. a ver qué pasa.